El presidente egipcio, Hosni Mubarak, no se doblegó ante el planteo de casi dos millones de egipcios que se concentraron para reclamar que renuncie. Ayer, por cadena televisiva, el mandatario afirmó que no dimitirá y anunció que no se presentará a la reelección una vez concluido su mandato, en septiembre. Dirigiéndose a los manifestantes que demandan su alejamiento, Mubarak garantizó un traspaso pacífico del poder y aseguró que allanará el camino para elecciones libres, con modificaciones en la Constitución. "Los acontecimientos de estos días demandan de nosotros que elijamos entre el caos y la estabilidad", dijo. "Este país es mi patria y voy a morir en suelo egipcio", acotó para descartar que huirá del país. "Una vez más, no escucha al pueblo", señaló el líder opositor Mohamed El Baradei, luego del discurso.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, poco después de que Mubarak anunciara su decisión de no volver a presentarse a la presidencia, le reclamó "una transición ordenada". "Debe ser significativa, debe ser pacífica y debe empezar ahora", le habría manifestado Obama durante una conversación telefónica. En tanto, se registraron violentos enfrentamientos en el centro de Alejandría, la segunda ciudad más grande de Egipto, poco después de que Mubarak hablara al país.